jueves, 20 de junio de 2013

Difícil

¿Difícil? ¿Que qué es difícil? Difícil es tenerte presente todo el día y que no estés. Difícil es verte en cada esquina, parpadear y ver que no eres tú. Es acostarme por la noche sola en la cama. Esperando en la oscuridad con tu foto bajo la almohada. Sintiéndome perdida.
Visualizando tus ojos, hundiendo mi mirada negra en ellos, quedándome muda, triste y vagamente sonriendo.
Aferrándome a los recuerdos, a los momentos compartidos.
Dejando que mis lágrimas lentas y mansas resbalen por mis mejillas. Pensado en silencio, por si, de algún modo, logras oírme.
Cada noche lo mismo.

La distancia. La maldita distancia. Responsable de que mis relojes se paren. De que en mi mente reine la impaciencia. Impaciencia de tenerte.
Deseos de agarrarte y que no te vayas. De no tener que recorrer ese trayecto nunca más.

Te quiero. Te quiero y no me importa decirlo. Reconocerlo ante quien se ponga en nuestro camino. Digan lo que digan. No importa. Te quiero. Porque después de conocerte, el resto de la gente me parece insignificante. Porque mi mente recoge cada instante que vivo contigo, guardándolos, para sobrevivir en el tiempo que te ausentas.
Porque eres lo que me da fuerzas para sonreír cada día, para no derrumbarme. Mantenerme de pie.


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