domingo, 21 de julio de 2013

Ciega

Aquella expresión de felicidad que me producía el simple contacto suyo, ha desaparecido de mi rostro. Pero no me queda otra alternativa que aceptarlo. Miles de pensamientos contradictorios llenan mi cabeza colisionando entre ellos como en una tormenta de meteoritos.
Mi realidad empieza a desmoronarse sin poder impedirlo.
Hasta ese momento había estado tan absorbida por mi propia espiral de felicidad que ni siquiera había pensado que tal vez hubiera otra. Otra ignorante que cayó como yo caí. Creyéndome inocentemente sus falsas declaraciones de amor. Sus nocturnos versos.
Llevando permanentemente una venda que me cegaba y de la cual quizá aun no me haya liberado.
Estaba a las puertas del Cielo, y, de repente, se han cerrado ante mis ojos; asestándome un golpe fatal. Por dentro. Donde duele.
Sintiendo una puñalada en el corazón sin saber por dónde vino porque estaba ciega. Pero no importa en cuantos trozos se haya destruido mi corazón porque sé que su mundo no se detendrá para volver a componerlo. Sanarlo con sus besos.
Al menos ahora la lección está aprendida.
¿Fue algo que hice? ¿Fue algo que dije? No lo sé, pero dudo que él lo sepa. Se encuentra sin excusas, sin argumentos, se ha convertido en lo que él siempre ha odiado. Un falso, un mentiroso. Fingiendo durante todo este tiempo. Haciéndome sentir como si fuera la única. Supongo que está bien saber que estuvo ahí, interpretando un papel, siendo la única cosa que creía conocer. Pero ahora veo que no le conozco. ¿Acaso se conoce a sí mismo?
Aun recuerdo el momento en el que me enteré de todo, cuando me lo confesó manipulando la verdad con frialdad, hablando con ese bloque de hielo al que llama corazón. Con el que, supuestamente, me amaba.
Yo había estado bajo los efectos de un hechizo tan fuerte que mi mente se había quedado en blanco. Con una fuerte presión el pecho y con la mirada petrificada por el asombro, con los ojos llenos de lágrimas.
Repentinamente me sentí desnuda. Vulnerable. Sin recordar que podía experimentar tanto miedo. En una situación de impotencia. Siendo víctima sin quererlo. Víctima de su descarrilamiento. De su atropello. Siendo él el jugador y yo el videojuego. Mirando mientras yo caigo.
Secando mis lágrimas pero levantando la cabeza. Cada día enfrentándome a un mañana sin él. Todavía soñando sus sueños. Queriéndole sin querer.
Tumbada en la cama donde empezó todo. La que está hecha a su medida. Parece kilométrica. Vacía. Vacía porque falta él.
Con la almohada llena de lágrimas acompañadas de un llanto incesante. Retorciéndome entre las sábanas y agarrándolas con furia. Gruñendo evitando gritar.
El abochornante calor entrando por la ventana, agravando aun más mi situación. Hirviéndome la sangre.
Yo creí en él. Dándole todo lo que supe dar. Todo lo que supe expresar. Pero no fue suficiente. Decidió por su cuenta que yo no valía. Que no le servía más que para desfogarse.
No voy a ocultar que a pesar de todo, me resulta difícil separarme de él, es como si intentara abandonar mi propio cuerpo. Porque era todo lo que quería y más. Porque aun lo sigue siendo. Pero ahora todos esos versos no tienen dueño. Aunque continúe representando todo aquello que deseo pero que no puedo tener. Todavía soñado con esos labios que será ella quien bese. Sin merecerlos. Visitando lo que yo nunca visitaré. Conociendo lo que yo nunca conoceré.
Que es en estas noches cuando me doy cuenta de que su vida continúa, sin mí.
Y yo le digo, bañando en lágrimas estas líneas, que le quiero y que ese ha sido mi único pecado.

Pero en estos momentos me pregunto por qué no me arrepiento de nada.

miércoles, 10 de julio de 2013

Te echo de menos

Quizá no quiera reconocerlo, quizá sea demasiado orgullosa, o incluso demasiado ingenua.  Pensé que solo necesitaba tiempo para estar sola, pero ahora que no estás, mis ojos proyectan un vacío que nunca antes habían experimentado.
Fue en el momento de mi partida, cuando subí al asiento trasero del coche con una sensación de gran abatimiento. Enfrentándome a la idea de que la persona por la que lloro es la única que me puede consolar.
Jamás pensé que te necesitaría tanto como te necesito. No puedo encontrar espacio en mi cabeza para pensar en otra cosa que no sea en ti. Veo tu rostro por todos lados. Te me apareces en forma de espejismo. Tal vez porque tu seas lo único que deseo ver.
Porque ahora sé que fui feliz, cuando tu ausencia se hace notar cada segundo. Cuando todos los recuerdos reaparecen haciéndome sentir vulnerable.
Recuerdo aquellas tiernas noches, perdiéndonos en nuestras frases de amor. Sin tapujos. Sin vergüenza. Perdiendo la noción del tiempo. Las horas que parecían minutos, ahora parecen interminables años.
Tu. Cortándome la respiración con cada verso. Con un nudo en la garganta. Sin saber qué decir. Sin palabras.
Ahora no. Ahora te echo de menos. Te necesito. ¿Acaso no lo entiendes? Te necesito tanto como te necesitaba aquellas noches. Faltas en mi cama.
No puedo ocultar mis emociones y fingir que no las tengo. ¿Cómo puedo fingir que el fuego que siento en el vientre no existe?
Antes sentía cómo respirábamos el mismo aire, pero ahora me ahogo en mi propio llanto.
Escuchando esa canción. Esa maldita canción que me hacía sonreír, ahora me atormenta cada noche.
Mirando tus fotos antes de dormir, memorizando una vez más tu rostro,  para conseguir conciliar el sueño.
Esperando en la oscuridad, pensado que quizás estés ahí. Esperando oír tus pasos. Pero no hay sonido alguno. Sintiéndome tan sola que a veces tengo miedo.
Ahora esas palabras que necesitaba escuchar para afrontar el día, no las tengo. ¿Para otra?, ¿serán para otra? Prefiero no pensarlo. Vivir en la ignorancia. En mi nube.
Mi mente sufre padeciendo el destierro, del cual soy culpable.
Que me encuentro con el corazón al revés. Esperando a que tú le des la vuelta. Con una presión constante en el pecho que me impide respirar, como si un ángel hubiera perdido su gracia, como si me faltara el alma.
Eres el corazón de mi propio corazón.
Porque quiero que sepas que eres uno de mis sueños, pero tal vez te halles en la lista de los que nunca se cumplan.
Pero jamás te olvidaré. Sería más fácil olvidarme de mi misma.
Porque eres insustituible, pero quizá, solo quizá, yo lo sea.