jueves, 20 de junio de 2013

Difícil

¿Difícil? ¿Que qué es difícil? Difícil es tenerte presente todo el día y que no estés. Difícil es verte en cada esquina, parpadear y ver que no eres tú. Es acostarme por la noche sola en la cama. Esperando en la oscuridad con tu foto bajo la almohada. Sintiéndome perdida.
Visualizando tus ojos, hundiendo mi mirada negra en ellos, quedándome muda, triste y vagamente sonriendo.
Aferrándome a los recuerdos, a los momentos compartidos.
Dejando que mis lágrimas lentas y mansas resbalen por mis mejillas. Pensado en silencio, por si, de algún modo, logras oírme.
Cada noche lo mismo.

La distancia. La maldita distancia. Responsable de que mis relojes se paren. De que en mi mente reine la impaciencia. Impaciencia de tenerte.
Deseos de agarrarte y que no te vayas. De no tener que recorrer ese trayecto nunca más.

Te quiero. Te quiero y no me importa decirlo. Reconocerlo ante quien se ponga en nuestro camino. Digan lo que digan. No importa. Te quiero. Porque después de conocerte, el resto de la gente me parece insignificante. Porque mi mente recoge cada instante que vivo contigo, guardándolos, para sobrevivir en el tiempo que te ausentas.
Porque eres lo que me da fuerzas para sonreír cada día, para no derrumbarme. Mantenerme de pie.


domingo, 16 de junio de 2013

Mientras yo lloraba...

Tu. Que me castigas con tu indiferencia. Que la abrazas en mi presencia.
Tu. Que fuiste mi inspiración, ahora eres mi tormento.
Tu voz. Que se ha convertido en la de mi conciencia. Diciéndome lo que debo y no debo hacer. Lo que debo y no debo pensar. Lo que debo y no debo sentir.
Tu olor. Que aún permanece en mi ropa. Que se ha encadenado a mi sentido, plasmando recuerdos que creía felices. Fantasías que resultaron ser mentiras. Mentiras.
Tus manos. Que me acariciaban como finos dedos de pianista interpretando una melodía, ahora es su piel la que rozan.
Tus ojos. Aquellos ojos castaños que me encandilaban. Que me hablaban, entendiéndolos a la perfección sin decir nada. Ahora callan. Guardando sus versos para ella.
Tu aliento. Que aún sigo sintiendo en mi nuca aunque no estés.
Tu corazón, que en su día fue fundido con el mío. Que fue mi hogar, del cual fui desahuciada. Que ahora es de ella. De ella. Y no mío.

Ella. Víbora que con su veneno te seduzco. Veneno al que siempre pensé que eras inmune. Inmune por ser diferente. Diferente al resto.
Ella. Que me humilló sin escrúpulos. Haciéndome quedar como un gorrión caído de su nido. Agonizando malherido en el suelo.
Ella. Que hace que mis manos tiemblen. No de miedo. Sino de rabia. Furia acumulada. Incontrolable. Que saca lo peor de mí. Que crea deseos impensables. Violencia en estado puro.
Ella. Que ahora tiene las llaves del cielo mientras yo vago sin rumbo por el limbo. Estancada.
Ella. Que ha demolido lo que tanto me costó construir. Que me lo ha quitado todo. De un solo golpe. Sin piedad.

Yo. Siendo aún rehén de tus labios.
Yo. Que mi único delito fue amarte.
Yo. Teniendo  insomnio por miedo a soñar contigo.
Yo. Que me sentía dichosa, y ahora solo soy una más.
Yo. Ciega e inocente por creer en ti. Por creerme tus mentiras. Por dejarme llevar de tu mano hasta el acantilado.
Mi voz. Que si pudiera atravesar tu mente diría basta. Basta ya. Vuelve.

Yo. Que mientras lloraba, tú la besabas.


domingo, 9 de junio de 2013

Solo tú

Anoche, soñé contigo. Anoche, sin ir más lejos. Volviste a irrumpir en mis sueños como si a propósito lo hicieras. En el fondo, en estos sueños, soy feliz. Feliz por cómo me acaricias, por cómo me abrazas, por cómo me besas. Pero supongo que todo queda en un sueño.
Cuando despierto, experimento un mar de sensaciones, todas girando a tu alrededor.
Anhelo tu rostro, tu pelo, tu cuerpo, tus curvas, el contoneo de tus caderas al caminar, la suavidad de tus manos…
Pensar en el día que me enamoré de ti, aquel día en el que un ángel apareció e iluminó la oscuridad con sus ojos, los mismos que días más tarde me secuestraron sin dejarme escapar. Aquellos ojos verdes fueron los que me condenaron.
Me siento víctima de tu encanto. Manipulado por tu sonrisa. Esa sonrisa que brota de tus labios carnosos, rojos cual amapolas, intocables, prohibidos. Qué no daría por fundir tus labios con los míos aunque solo fuera una vez.
Cuánto desearía hundir mi nariz en tus rizos y respirar su aroma mientras te sostengo en mis brazos. Perfumar mi ropa con tu olor, llenándome con esa paz que solo en ti consigo hallar.
Dormirme entre tus senos mientras escucho el latido de tu corazón. Juntar nuestros cuerpos cálidos hasta formar una gran llama de fuego.
Hacer que te estremezcas con solo rozarte. Hipnotizarte con la mirada. Que me mires con lujuria. Que seas mía. Mía y de nadie más.
Cuánta es la tentación de poseerte cuando te tengo a mi lado.
Cuando nuestras miradas conectan, es como si, aunque sea por un instante, vuele, vuele muy alto, lo más alto que nadie ha llegado a volar.
El tacto de tu piel, es como poder tocar el cielo con los dedos al mismo tiempo que sientes el calor del Sol sin quemarte. Como si las nubes y el terciopelo se hubieran unido creando una nueva textura.
Cuando te observo, es como si desconectara de la realidad, sin pensar en nada, tan solo  admiro tus ojos, tu nariz, tus labios, tu cuello… y admiraría mucho más si pudiera.
Sin embargo, ¿en qué piensas tú cuando me miras?, ¿será una mirada de deseo?, ¿de rechazo?, ¿acaso de indiferencia?...
Maldita mi ignorancia por cómo te deseo. Por tener sed de ti. Por ansiar descubrir lo desconocido.
Ojalá pudiera ser valiente para confesarte que serías mi pincel si fuera pintor, que serías mi pluma si fuera escritor, que sería capaz de adquirir ese compromiso al que tanto temo. Por ti y solo por ti.
Por más que lo intento, por más que pienso que no me corresponderás, este puñal sigue residiendo en mi pecho. Porque soy demasiado necio. Porque te quiero. Y eso nunca cambiará. Aunque no me ames, aunque no te importe, aunque jamás leas estas líneas escritas por un borracho.
Nunca creí en el amor, y aún menos en las mujeres. ¿Por qué pues, cuando pienso en amor, pienso en ti?


Nadie lo entiende. Pero quizá ni yo mismo lo haga. Supongo que todos necesitamos el amor de alguien. Ese amor pasional e inagotable con el que todos hemos soñado alguna vez. Y yo. Yo. Elijo el tuyo.