domingo, 9 de junio de 2013

Solo tú

Anoche, soñé contigo. Anoche, sin ir más lejos. Volviste a irrumpir en mis sueños como si a propósito lo hicieras. En el fondo, en estos sueños, soy feliz. Feliz por cómo me acaricias, por cómo me abrazas, por cómo me besas. Pero supongo que todo queda en un sueño.
Cuando despierto, experimento un mar de sensaciones, todas girando a tu alrededor.
Anhelo tu rostro, tu pelo, tu cuerpo, tus curvas, el contoneo de tus caderas al caminar, la suavidad de tus manos…
Pensar en el día que me enamoré de ti, aquel día en el que un ángel apareció e iluminó la oscuridad con sus ojos, los mismos que días más tarde me secuestraron sin dejarme escapar. Aquellos ojos verdes fueron los que me condenaron.
Me siento víctima de tu encanto. Manipulado por tu sonrisa. Esa sonrisa que brota de tus labios carnosos, rojos cual amapolas, intocables, prohibidos. Qué no daría por fundir tus labios con los míos aunque solo fuera una vez.
Cuánto desearía hundir mi nariz en tus rizos y respirar su aroma mientras te sostengo en mis brazos. Perfumar mi ropa con tu olor, llenándome con esa paz que solo en ti consigo hallar.
Dormirme entre tus senos mientras escucho el latido de tu corazón. Juntar nuestros cuerpos cálidos hasta formar una gran llama de fuego.
Hacer que te estremezcas con solo rozarte. Hipnotizarte con la mirada. Que me mires con lujuria. Que seas mía. Mía y de nadie más.
Cuánta es la tentación de poseerte cuando te tengo a mi lado.
Cuando nuestras miradas conectan, es como si, aunque sea por un instante, vuele, vuele muy alto, lo más alto que nadie ha llegado a volar.
El tacto de tu piel, es como poder tocar el cielo con los dedos al mismo tiempo que sientes el calor del Sol sin quemarte. Como si las nubes y el terciopelo se hubieran unido creando una nueva textura.
Cuando te observo, es como si desconectara de la realidad, sin pensar en nada, tan solo  admiro tus ojos, tu nariz, tus labios, tu cuello… y admiraría mucho más si pudiera.
Sin embargo, ¿en qué piensas tú cuando me miras?, ¿será una mirada de deseo?, ¿de rechazo?, ¿acaso de indiferencia?...
Maldita mi ignorancia por cómo te deseo. Por tener sed de ti. Por ansiar descubrir lo desconocido.
Ojalá pudiera ser valiente para confesarte que serías mi pincel si fuera pintor, que serías mi pluma si fuera escritor, que sería capaz de adquirir ese compromiso al que tanto temo. Por ti y solo por ti.
Por más que lo intento, por más que pienso que no me corresponderás, este puñal sigue residiendo en mi pecho. Porque soy demasiado necio. Porque te quiero. Y eso nunca cambiará. Aunque no me ames, aunque no te importe, aunque jamás leas estas líneas escritas por un borracho.
Nunca creí en el amor, y aún menos en las mujeres. ¿Por qué pues, cuando pienso en amor, pienso en ti?


Nadie lo entiende. Pero quizá ni yo mismo lo haga. Supongo que todos necesitamos el amor de alguien. Ese amor pasional e inagotable con el que todos hemos soñado alguna vez. Y yo. Yo. Elijo el tuyo.

1 comentario:

  1. ¡Qué bonito, Raquel! Me encanta. ¿En serio lo has escrito tú? Si ya me tenías medio enamorado, ahora con esto me conquistas, ja ja ja. Oye, de verdad, me gusta muchísimo. ¿Me dejarías recitarlo en un vídeo mío? Por supuesto diría que es tuyo. En todo caso, a ver si volvemos a coincidir en persona. ¡Un besazo, guapiña!

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