Quizá no quiera
reconocerlo, quizá sea demasiado orgullosa, o incluso demasiado ingenua. Pensé que solo necesitaba tiempo para estar
sola, pero ahora que no estás, mis ojos proyectan un vacío que nunca antes
habían experimentado.
Fue en el momento de mi
partida, cuando subí al asiento trasero del coche con una sensación de gran
abatimiento. Enfrentándome a la idea de que la persona por la que lloro es la
única que me puede consolar.
Jamás pensé que te
necesitaría tanto como te necesito. No puedo encontrar espacio en mi cabeza
para pensar en otra cosa que no sea en ti. Veo tu rostro por todos lados. Te me
apareces en forma de espejismo. Tal vez porque tu seas lo único que deseo ver.
Porque ahora sé que fui
feliz, cuando tu ausencia se hace notar cada segundo. Cuando todos los
recuerdos reaparecen haciéndome sentir vulnerable.
Recuerdo aquellas
tiernas noches, perdiéndonos en nuestras frases de amor. Sin tapujos. Sin
vergüenza. Perdiendo la noción del tiempo. Las horas que parecían minutos,
ahora parecen interminables años.
Tu. Cortándome la
respiración con cada verso. Con un nudo en la garganta. Sin saber qué decir.
Sin palabras.
Ahora no. Ahora te echo
de menos. Te necesito. ¿Acaso no lo entiendes? Te necesito tanto como te
necesitaba aquellas noches. Faltas en mi cama.
No puedo ocultar mis
emociones y fingir que no las tengo. ¿Cómo puedo fingir que el fuego que siento
en el vientre no existe?
Antes sentía cómo
respirábamos el mismo aire, pero ahora me ahogo en mi propio llanto.
Escuchando esa canción.
Esa maldita canción que me hacía sonreír, ahora me atormenta cada noche.
Mirando tus fotos antes
de dormir, memorizando una vez más tu rostro,
para conseguir conciliar el sueño.
Esperando en la oscuridad,
pensado que quizás estés ahí. Esperando oír tus pasos. Pero no hay sonido
alguno. Sintiéndome tan sola que a veces tengo miedo.
Ahora esas palabras que
necesitaba escuchar para afrontar el día, no las tengo. ¿Para otra?, ¿serán
para otra? Prefiero no pensarlo. Vivir en la ignorancia. En mi nube.
Mi mente sufre
padeciendo el destierro, del cual soy culpable.
Que me encuentro con el
corazón al revés. Esperando a que tú le des la vuelta. Con una presión
constante en el pecho que me impide respirar, como si un ángel hubiera perdido
su gracia, como si me faltara el alma.
Eres el corazón de mi
propio corazón.
Porque quiero que sepas
que eres uno de mis sueños, pero tal vez te halles en la lista de los que nunca
se cumplan.
Pero jamás te olvidaré.
Sería más fácil olvidarme de mi misma.
Porque eres
insustituible, pero quizá, solo quizá, yo lo sea.
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